27 Septiembre 2009
Aunque le disguste al relativismo la verdad prevalece y, además, tiene su peso, incluso en el ámbito económico. La verdad es el punto nuclear de la nueva encíclica, Caritas in veritate, del Papa, Benedicto XVI.
La Encíclica sostiene que la economía de mercado ha de hallar su apoyo en un determinado corpus de valores, pues, contra los relativistas de izquierdas y de derechas, para lograr el bien común, las economías de mercado tienen que sustentarse en un basamento de determinadas bondades morales básicas y en una singular consideración del ser humano. "La economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento, no de una ética cualquiera, sino la que es amiga de la persona". La misma crisis financiera ha confirmado de manera rotunda que "sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia función económica". El colapso del mercado de las hipotecas fue la causa de que miles de personas ocultaran la verdad en el trámite de concesión del crédito.
No debe extrañar que la violación masiva de la prohibición moral contra la mentira tenga consecuencias económicas devastadoras; así, "el sector económico", apunta el Papa, "no es ni éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza; es una actividad del hombre y, precisamente, porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente"; en el plano económico, añade el Pontífice, la insistente y mediocre consigna de que los recursos de las naciones ricas proceden de la miseria de las pobres, como propugna Castro, Hugo Chávez y los iluminados de la teología de la liberación, constituye un tremendo error.
Ante la posibilidad de que la ayuda exterior derive en situaciones de dependencia, expresa sus críticas contra el proteccionismo e insiste en que ningún cambio institucional debe impedir que la gente elija libremente el bien: "El desarrollo humano integral supone la libertad responsable de la persona y de los pueblos: ninguna estructura puede garantizar dicho desarrollo desde fuera y por encima de la responsabilidad humana"; sopesando que el mercado sea moralmente problemático en sí mismo, aduce: "El mercado no es ni debe convertirse en el ámbito donde el más fuerte avasalle al más débil; la sociedad no ha de pensar que el desarrollo del mercado conlleva la agonía de las relaciones auténticamente humanas". Lo que importa, según el Papa, es vigencia de la cultura moral en el marco en que se desarrolla el mercado. Las implicaciones de la verdad sobre la vida económica iluminan las ideas de "ética empresarial", "ética de la inversión" o "responsabilidad social corporativa", pues tales opciones tienen una dimensión moral.
Se precisa una sociedad civil formada y eficiente que descubra la moralidad que subyace en estos esquemas y que apoye y limite el mercado y el Estado. Benedicto XVI piensa que el Estado ha de regular las diferentes parcelas de la economía y destaca que la virtud de la solidaridad no puede quedar solamente en manos del Estado, sino en el pueblo que la hace realidad en el ejercicio del amor al prójimo. Rehuyendo las posiciones materialistas, Benedicto XVI cifra la esperanza del hombre, aún en la vida económica, más allá del corto plazo de la muerte; pide a la gente que obre y viva sus días, tanto en el corto, como en el medio y largo plazo, con el sentido trascendente de que la práctica de la verdad es necesidad eternamente vital e imprescindible, a lo que se añade su eterna relevancia, para salvar el alma y resucitar con Jesucristo.
C. Mudarra
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2 Abril 2009
La Semana Santa, que se inicia con el Domingo de Ramos, celebra dos aspectos fundamentales del misterio pascual: La vida o el triunfo, con la procesión de las palmas y ramos en honor de Cristo Rey; y la muerte o el fracaso, con la lectura de la Pasión correspondiente a los evangelios sinópticos -la de Juan se lee el viernes-. Cristianamente, es santa, sagrada por su objeto y su sujeto; denominada antiguamente «semana mayor» es la semana que conmemora la Pasión de Cristo; es el tiempo de más intensidad litúrgica de todo el año y por eso ha calado tan hondamente en el catolicismo popular.
Desde el siglo V se celebraba en Jerusalén, con una procesión, la entrada de Jesús en la ciudad santa, poco antes de ser crucificado. Por ello, se denomina «Domingo de Ramos», aspecto victorioso o «Domingo de Pasión», aspecto doloroso. Lo que importa no es el ramo bendito, sino la celebración del triunfo de Jesús. El rito comienza con la bendición de los ramos, después, se proclama el evangelio. Por ser creyentes iniciados en la vida cristiana, pertenecemos al Señor y nos asociamos a su seguimiento. La Semana Santa empieza y acaba con la entrada triunfal de los redimidos en la Jerusalén Celestial, recinto iluminado por la antorcha del Cordero. El domingo de Ramos es inauguración de la Pascua o paso de las tinieblas a la luz, de la humillación a la gloria, del pecado a la gracia y de la muerte a la vida.
La Pasión de Cristo comienza bíblicamente con el prendimiento de Jesús; litúrgicamente, con la entrada en Jerusalén. Jesús no rehuye la muerte, pero tampoco la busca directamente. La misión de Jesús se comprende en referencia al Dios de la gracia y de la exigencia. Jesús viene a proclamar la inminencia del Reino y la buena noticia del Evangelio. El advenimiento del reino de Dios es el tema central del mensaje y de la praxis de Jesús
Los cuatro relatos de la Pasión siguen una sucesión parecida de acontecimientos, con cinco secuencias: arresto, proceso judío, proceso romano, ejecución y sepultura. Su estilo difiere del de cualquier otra obra literaria que narre el final y muerte de un héroe. Son, además final y comienzo de la vida y destino de Jesús, al que los discípulos llaman «Cristo» y «Señor» después de la resurrección. Según como se interprete y se viva la muerte y resurrección de Jesús, así se configurará el modo de ser cristiano. Jesús fue condenado a muerte y crucificado por blasfemo religioso y alterador del orden público. La muerte de Jesús se descubre fundamentalmente por la lógica de su vida; la interpretación esencial de la muerte de Jesús es teológica; la resurrección debe entenderse como toma de posición de Dios en favor de Jesús y, por tanto, como iluminación de la cruz.
El pueblo se ha identificado y se identifica a su modo con el Crucificado, más que con el Resucitado, quizá, porque su historia es una senda de sufrimientos. La teología pascual de la resurrección no le hace tanta mella; intuye en lo profundo una teología de la cruz. Pacientemente ha aceptado la interpretación teológica de la resignación o de la oblación de Cristo como víctima inocente que paga el rescate por todos los pecados. El pueblo venera a Cristo como «varón de dolores» sufriente y moribundo, con el que se identifica a través del llanto, como pueblo de oprimidos y desheredados, por esto, es el Viernes Santo y no la Pascua, la fiesta cristiana popular sobresaliente. La muerte de Cristo es símbolo de todo sufrimiento; muy en segundo plano queda la cruz como imagen del «Rey de la gloria» o del Cristo Resucitado. En ese Dios desamparado y cercano, no en el Todopoderoso Distante, encuentra alivio el pueblo al buscar la cura de sus sufrimientos mediante un sufrimiento divino. Naturalmente una cosa es el uso y abuso de la cruz como apaciguamiento de esclavos, y otra la aceptación popular del dolor y la muerte de Cristo, expoliado y crucificado por hacerse hermano y amigo de publicanos deshonestos, mujeres de mala vida, leprosos y extranjeros que no respetaban las leyes judías.
En la Semana Santa se descubren varios estratos; entre ellos, el estrato psicológico y el funcional constituyen las representaciones de los hechos históricos, la bendición y «procesión de los ramos», el lavatorio de pies, la consagración de los óleos y el monumento del Jueves y la adoración de la cruz del Viernes Santo, que son quizá las únicas dramatizaciones litúrgicas oficiales con sello popular. Por último, es muy visible el estrato de la religiosidad popular, constituido por la superposición de actos piadosos populares, como visitas a los «monumentos», hora santa, sermón de las siete palabras, viacrucis, procesiones, representaciones teatrales y actos de hermandades. Cuando la liturgia se clericalizó y pasó a celebrarse en latín, lengua muerta, el pueblo abandonó el culto oficial y construyó su propia liturgia. De este modo, la celebración pascual popular salió de los templos a las plazas, calles y campos enarbolando símbolos más accesibles, como han sido y siguen siendo los «pasos» de las procesiones.
El rechazo de Jesús como Mesías es evidente: es escándalo para las clases dirigentes religiosas, necedad y locura para el poder ocupante, decepción para el pueblo y desconcierto para los discípulos. Ahí radican los sufrimientos profundos de Jesús en la cruz, unidos a sus dolores físicos.
En la actual sociedad secular, crítica con las tradiciones religiosas mágicas o demasiado identificadas con ciertas éticas de poder, la Semana Santa ha perdido ese aura de misterio tremendo e inefable de que le había rodeado la cristiandad. En cambio, crece en comunidades y grupos de creyentes la fuerza del Evangelio de Jesús, revelador de la justicia del Reino y del perdón de Dios. La lectura e interpretación de los relatos de la Pasión en relación a las celebraciones en las que se proclaman nos revela que la vida es camino de cruz -vía crucis-, a partir de una entrega al servicio de los hermanos que coincide con el servicio a Dios. Al menos esto es lo que puede deducirse de la lectura y celebración de la Pasión de Cristo en la Semana Santa.
Camilo Valverde
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31 Enero 2009
El PP no levanta cabeza, tras el irregular y falso Congreso de Valencia, va derecho a su destrucción. El partido socialista se encuentra a sus anchas, el recalcitrante Pepiño Blanco siempre tan lenguaraz, ahora está callado, mientras construye su ilícita y costosa casa. Se han quedado sin Oposición, ya no tienen a quien crispar ni achacarle la propia crispación.
El ciudadano asiste atónito a la debacle, al cainismo del partido, a ese bochornoso desacuerdo que se traen entre unos y otras; es inconcebible el morbo de los espías que se mueve dentro del PP, se espían unos a otros, se astillan y rompen. Lo curioso del asunto es que los espionajes afectan a dirigentes de los dos bandos enfrentados. Todos se espían a todos; estos dossieres e informes tienen que ver con la lucha por el poder de Caja Madrid, que por soberbia indignidad y falta de autoridad van a accionar el detonador destrozando la poca unidad y la escasa visión de futuro que queda en la Formación Popular.
Mariano Rajoy, que no debió aceptar la "sucesión" a dedo, sino la elección congresual y hace ya tiempo haber tomado la salida honorable, está varado, no hace su tarea de Oposición. No ha sabido construir la alternativa a un PSOE atrapado en el abismo económico más catastrófico del siglo. No sabe qué hacer, ni cuándo irse. Rato bien aceptado se convierte en el deseado. Y Gallardón, con su ambición y sus continuos litigios resiste y maniobra contra E. Aguirre, Presidenta de una de las Autonomías que mejor funcionan y que, por su valía, podría dirigir y remontar este Partido. No se entiende que con más de ochocientas mil familias sin ingresos patentes no estén removiendo las aguas y los terrenos todos del Gobierno Zapateril. No se oye la voz incisiva de Pepiño, porque el PP se ha quedado mudo, está en sus luchas internas, en rencillas y manejos.
El PP no hace Oposición y nunca se le han puesto tan fáciles a un partido. En una situación de crisis y recesión galopante, en que hemos sobrepasado los tres millones de parados y uno de esos millones ya no cobra prestación, que las calles y comedores se llenan de pobres y la gente se estremece carcomida de miedo y por la continua carestía, ellos, en el Gobierno, Ayuntamientos y "Autonosuyas", siguen gastando en sus derroches, inyectando dinero a los Bancos y arbitrando sus leves y pobres medidas económicas. Y, a todo esto, el PP callado, ajeno a su labor de oposición, descafeinado, desdiciéndose de lo dicho y temeroso de rayar el rodillo socialista de ZP. ¿Saben lo que habrían armado este ZP, los sindicatos y todos aquellos vociferantes pseudointelectuales que jaleaban por todas las esquinas, si la situación fuera al revés? ¡Ah si el PP tuviera hoy un Alfonso Guerra! Se percibe la confusión, la decepción de los votantes, que acudían y defendían con ilusión su pensamiento, en este momento, sumido en orfandad y buscando mejores y propicias paternidades.
Entre tanto, Aznar calla, Fraga envejece y Rosa espera.
C. Mudarra
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17 Diciembre 2008
No es que estemos pasando estos intrincados desfiladeros de la negada crisis económica ni que estemos sufriendo la recesión que nos cubre de negros nubarrones europeos, es que España no puede mantener este pesadísimo tinglado que la partitocracia con su carga de apandadores, aprovechados y nuevos caciques ha instalado en poltronas, despachos y lujos interminables. El gobierno admite ya la debacle. La Eurozona ha entrado en recesión; en opinión de Montoro “sufrimos una recesión de caballo”. España será el país con más paro y menor crecimiento en 2009, según la OCDE, con un periodo prolongado de debilidad económica; ya en enero augura, que tendremos los tres millones de parados.
El derroche galopante y golfante corroe las astillas de las arcas del erario. Las Autonomías en una nación pequeña, como esta, no caben, son una invención costosísima e innecesaria, no es posible mantener este ineficaz conglomerado y boato. A tenor de su preocupación por el colapso que padecen los juzgados españoles, F. de Rosa, vicepresidente del CGPJ dice: "España no puede tener diecisiete justicias distintas"; no tiene espera una la reforma eficaz de la Administración de Justicia. No existe la cohesión territorial; es intolerable que en España, varíen significativamente las condiciones laborales y sociales según el lugar de residencia, incluso, en el marco sanitario, se experimentan hirientes desigualdades en métodos de diagnóstico, tratamientos, acceso a nuevas terapias y en el desarrollo de las estrategias que entrañan distintas esperanzas y un diferente goce de supervivencia; no es tolerable esta clase política, empeñada en desmembrar las competencias esenciales del Estado para satisfacer el apetito insaciable de las diecisiete taifas que dividen a España. Se hace necesaria una cobertura integral y estatal, al menos, en Hacienda, Sanidad, Justicia y Educación y la supresión de las Diputaciones y gran parte de las concejalías municipales.
La Junta de Andalucía, según fuentes periodísticas y políticas, da unas cifras increíbles para rebajar el porcentaje de los designados a dedo; el PP la acusa de aumentar el gasto público de Canal Sur pese a la crisis. Chaves, en función de la filiación política, castiga a los municipios gobernados por el PP con la asfixia económica de sus ayuntamientos, haciendo que reciban menos dinero que el que les corresponde por su población y premia a los del PSOE con 67,19% de las subvenciones, frente al 14,40% del PP, lo que subraya la ausencia de una política de financiación municipal y el recorte del Fondo de Nivelación. Se constata que “todos los andaluces no tienen las mismas oportunidades”, pero se tildan y se tienen por socialistas.
Y en Galicia, Touriño, no sólo se construye un despacho faraónico, sino que se provee de cuatro Audi A-8 blindados; fuentes de su Gabinete cuentan que la Xunta tiene 355 coches oficiales que nos cuestan más de 166.000 euros al mes; ¡Crisis!, ¿dónde?, ¿qué crisis?
Aquí con los régulos de derroche, lujos y palacios tenemos lo que se vota y así, hemos de soportar esta denostada democracia, que no merecemos.
C. Mudarra
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17 Diciembre 2008
«Radiante e inmarcesible es la sabiduría; fácilmente la ven los que la aman y la encuentran los que la buscan. Se anticipa a darse a conocer a los que la desean. Quien temprano la busca no se fatigará, pues a su puerta la hallará sentada. Pensar en ella es prudencia consumada y quien vela por ella, pronto se verá sin afanes. Ella misma busca por todas partes a los que son dignos de ella; en los caminos se les muestra benévola y les sale al encuentro en todos sus pensamientos» (Sab 6,12-17).
Este texto del Libro de la Sabiduría es una pieza preciosa y magnífica. Hace una exhortación a buscar la sabiduría, puesta en boca de Salomón. Se presenta la sabiduría de Dios personificada por una joven hermosa que solicita a su amante para un encuentro feliz. "Fácilmente la ven los que la aman y la encuentran los que la buscan". No se comporta como una mujer esquiva y desdeñosa, sino que, al contrario, se hace la encontradiza, para los que la aman, para los que la desean y la buscan. El auténtico conocimiento de Dios no procede de un intrincado ejercicio intelectual, es un don que se ofrece con generosidad a todo el que, con limpia disposición, lo recibe en su alma abierta: "Se anticipa a darse a conocer a los que la desean.
La Sabiduría se adelanta a todos las determinaciones y hallazgos del hombre. Por ella, quien consigue algo o descubre y domina un hecho del universo está obligado a comprobarlo y examinar su realidad y su exclusividad. El hombre sabio debe aceptar a sus predecesores y precedentes, fundamento de todo lo que es y posee. La inteligencia consiste en superar el egoísmo y abrirse a la gratuidad de Dios.
La Sabiduría de Dios madruga más que quienes la desean; cuando despiertan y la buscan, he aquí que la encuentran esperando a su puerta. Dios se presenta al hombre que lo busca y se anticipa a sus deseos; la primera iniciativa para el encuentro la lleva la Sabiduría de Dios, el propio Dios va a los que se hacen dignos de conocerlo. Más aún, el hombre no buscaría a Dios, si Dios no lo hubiera alcanzado antes. En todas las preguntas y deseos, en todas las búsquedas y pensamientos, está ya la Sabiduría de Dios haciendo que pregunten por ella, que la deseen y la busquen. Así que, no es difícil conocer a Dios, si se está dispuesto y no se tiene el interés de ignorarlo. La divinidad, a pesar de que el hombre se empeñe en negarlo, sigue atrayéndolo, ya que es fuente y origen de todos los bienes: "con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables..." (7,11). El mundo también hace ofertas tentadoras que alegran el corazón humano: poder, dinero, dignidades, cargos... Es algo seductor y apetecible, que atrae, pero en el fondo muerde como culebra. No merece la pena afanarse en eso, pues, en lo más profundo del ser, sólo produce acritud, desilusión y vacío: "Dichoso el hombre que me escucha, velando en mi portal cada día..." (Pr 8,34). Sólo el que se abre a la sabiduría, a la divinidad..., obtiene la alegría, la paz, la tranquilidad..., y además todos los otros bienes.
Lamentablemente, hay incluso muchos cristianos que ni siquiera son capaces de imaginar que alguien esté sentado junto a su puerta, llamando y esperando para amarlos. "He aquí que estoy junto a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré en él y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3,20). ¡Cuán necesario se ve hoy que los gobernantes de la tierra respondan y le abran sus puertas de palacios y lujos! El bien común no requiere boato, sino el abrazo de la sabiduría. Otro cantar sería, si se dejaran hechizar y embelesar por tal esposa. La sabiduría exhorta a los gobernantes de la tierra a que la escuchen y, pues, son los responsables más directos del gobierno del mundo, quiere inculcarles una manera completamente nueva y revolucionaria de regir las naciones: “Si os gustan los tronos y los cetros, soberanos de las naciones, respetad la sabiduría y reinaréis eternamente» (6,21).
La sociedad está fundada en el poder y en el dinero. Pero, “no podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt 6,24). Todas estas máximas suelen quedar ignoradas e inoperantes, pues los poderosos no son siempre seguidores de la sabiduría. Sin embargo, Jesús de Nazaret, al asumirlas y presentarse como auténtica sabiduría, dio un vuelco a la historia. Si no se cambia por completo la escala de valores, no se puede captar el sentido profundo de los dictados de la sabiduría. Sólo se acepta lo que agrada y lo que justifica las posiciones, a que uno se agarra con obstinación. El hombre justo entronca unos valores que los poderosos consideran ridículos y utópicos. Estos muchos sabios son la salvaguarda del mundo. Son «sabios» los discípulos de la Sabiduría.
C. MUDARRA
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18 Noviembre 2008
Es penoso, denigrante y un rotundo ridículo, ir, por todas las esquinas diplomáticas con genuflexas e insistentes súplicas, mendigando la asistencia a la cumbre anticrisis de Washington. Ciertamente, España no es ZP ni su partido, pero, por desgracia, los hados hacen que se asimile con ciertos nombres. Esta exclusión de España es sumamente significativa. Después de tantos desdenes y desplantes a EEUU y a su Presidente, sea tonto o listo; después de tantas añagazas en su izquierdismo radical y aspavientos con los dictatorzuelos lenguaraces y populistas, creía que Bush iba a favorecer a un Zapatero, arropado por un partido y unos medios siempre propensos a cacarear los imberbes tópicos Anti-USA, ya trasnochados y a ceder y olvidar burlas y traiciones. ¡Roma no paga traidores!
ZP recoge la cosecha que sembró. Ante su desastrosa y errónea política exterior, no se ha de extrañar que lo releguen y desechen. Las cuatro grandes potencias europeas prescindieron de él en la cumbre del 4 de octubre en París. El pobre hombrecete no se entera y menos aún su camarilla socialista. Han llamado a todos los timbres; han intentado hacer valer su contacto con Sarkozy; les ha fracasado Brown, falló Durao Barroso, representante de la UE y hasta han llegado a recurrir al demócrata B. Obama y al republicano J. McCain. Ahora, se ha ido a China y luego, va a repicar por Hispanoamérica. Creen ufanos e ingenuos que el mundo se mueve por sus parámetros. Las fanfarronadas del presidente ZP en Nueva York no se han olvidado y la propaganda socialista, pretendiendo vender que su Zapatero había propulsado entre bastidores la reacción de la Unión Europea contra la crisis, tampoco ha caído en el olvido, sigue muy presente en la memoria de todos.
Las ofensas no se borran fácilmente, tal vez se perdonen, pero quedan en el recuerdo. Los desaires y los agravios a Estados Unidos y otras naciones del mundo persisten, porque lo decisivo ya ha sucedido, porque no se fían de él, porque no se puede declarar culpable de la crisis económica a Bush y, en especial, a los EEUU y creer que no pasa nada, eso no se borra, queda y permanece. Lo inteligente es, con humildad, recapacitar y rectificar. Decía George Washington, que “el hombre político, por encima de todo, tiene que ser consciente de sus propias limitaciones; política y humanamente lo primero y más importante, siempre es la honradez”. Hay que tener los pies en la tierra, andar aferrado a la verdad y caminar lejos de la falacia y del engaño, sin tomar al otro por iluso.
Así pues, si lo marginan, debe pensar que es por algo. No se puede rogar y suplicar a cualquier precio. Ha dicho en China que no está mendigando, que no suplica ni se arrodilla, cuando todo el mundo lo sabe y lo está viendo. Toda la prensa europea y norteamericana critica y comenta las insistentes e irrisorias gestiones de estos socialistas; lo trágico de esta patética ofensiva diplomática no reside en la imagen indigna y extravagante que proyecta de Zapatero, sino en que se está denigrando y arrastrando el prestigio de España. El cinismo sobra, llega a saturar las conciencias; los países y los ciudadanos no son tontos. ZP perdió "todos los avales" para contar entre naciones y entrar con dignidad, en el G-20. Vaya o quede fuera, el ridículo será evidente, la indignidad y la vejación se han consumado.
C. Mudarra
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18 Noviembre 2008
La organización británica Release Internacional informa, que trescientos millones de cristianos sufrirán persecución en 2009, simplemente por seguir a Jesucristo y denuncia que tal ataque y acoso inmisericordes está aumentando en los países islámicos. En ese mismo sentido, se pronuncia el director de Ayuda a la Iglesia Necesitada, J. Menéndez Ros.
Son ya más de sesenta los cristianos asesinados en la India. Los abusos contra los cristianos consisten en el secuestro, la conversión forzada, el encarcelamiento, la destrucción de iglesias, la tortura, la violación y la ejecución. Los Gobiernos musulmanes moderados normalmente se desentienden sin proteger los derechos de sus minorías cristianas. El arzobispo anglicano de Canterbury, ya advirtió que “la muerte de Sadam Husein iba a poner en riesgo a muchos cristianos en Oriente Próximo, al ser considerados favorables a la cruzada de Occidente”. Se cree que la población cristiana en el país está por debajo de 450.000, mientras que, en el año 1991, doblaba esta cifra; su vida, en Irak, sin duda, se ha endurecido y hecho más difícil desde la invasión.
Los informes indican, que Arabia Saudí, guardián de los lugares santos islámicos de La Meca y Medina, prohibiendo todas las demás religiones, es uno de los países que registra mayores abusos contra la libertad de fe. Un musulmán declarado ‘culpable’ de convertirse al cristianismo se enfrenta a una pena de muerte por apostasía, no dispone de la libertad de escoger su propia creencia; y cualquiera que lleve a un musulmán al Evangelio sufre la cárcel, la expulsión o la ejecución. “Existe una conspiración de silencio en torno a los saudíes, probablemente, porque Occidente necesita su petróleo y su dinero; y, “mientras prohíben toda la literatura cristiana, gastan miles de millones de dólares cada año en propagar el Islam en todo el mundo”.
La situación ha cambiado desde el 11 de septiembre de 2001, pues el mundo, desde ese momento, ha comprobado y tomado dramáticamente conciencia de las redes globales extremistas islámicas. Sin duda, la más conocida es Al Qaeda, pero existen otras muchas que explotan las tensiones religiosas para sus propios fines políticos; muchos de las facciones extremistas interpretan el llamamiento a la ‘yihad’ –guerra santa– en el sentido de una incitación a la violencia; consideran que forzar a los cristianos y a los no musulmanes a convertirse al Islam es su obligación religiosa; “quienes rehúsan deben ser expulsados o muertos”. La organización de vigilancia de la persecución apunta que “hay un movimiento creciente para imponer la ley islámica de la ’sharia’, mediante una presión creciente sobre los cristianos. Ahí, mismo, en Marruecos, no cesan los atropellos y las discriminaciones, para el que hace pública su adhesión a la fe católica. ¿Cuántas iglesias cristianas se han podido edificar en territorios islámicos?
Sin embargo, aquí y en Europa, se han practicado y practican las políticas de puertas abiertas, se les permite campar a su aire, formar guetos sin intención alguna de la imprescindible integración, propulsar su proselitismo e, incluso, se les construyen mezquitas. Hablar con Dios no precisa templos, de todos modos, ya están ahí las catedrales. Y no se detienen, proliferan las webs islámicas en español, muchas financiadas por Arabia Saudí; escribiendo sólo “islam” en cualquier buscador, salta a los ojos una abrumadora cantidad de páginas pertenecientes a empresas sitas en naciones árabes, en especial Arabia Saudí, que adoctrinan sobre la ‘da’wa’, predicación de su religión, sorprendentemente, las más pujante en el planeta, afirma el ‘Foreign Policy’.
Aquí, en esta ingenua miopía, tenemos bastante con el relativismo, el anticlericalismo y fobia creciente a la Iglesia Católica, inyectada con paulatino regusto hostil, en el cine, la comedia, las series televisivas y, solapada, hasta en la publicidad. ¡Claro así nos va y nos irá!
C. Mudarra
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18 Noviembre 2008
En medio de esta mordiente crisis que corroe la Nación y en que, según las encuestas, la mayor preocupación de los españoles es el paro, el mediático juez, Garzón, parece que no tiene otro mayor quehacer, que ocuparse de hechos políticos raros y extraños. Y, eso sí, mientras, los juzgados languidecen atorados de expedientes, faltos de reactivación y resolución.
Se introdujo en asuntos internos argentinos y chilenos, naciones a las que no defendimos y libramos de sus tristes dictaduras, y, ahora, se pone a remover los muertos de un solo bando de la Guerra Civil, periodo terrible, archidoloroso y tremendo, que los españoles quisieron y quieren, con el consenso de la Transición, dejar en la misericordia de la memoria y depositados en las tenues manos del perdón cristiano, sin que se hurguen y se toquen innecesariamente. En estos momentos de agobio y retroceso, al español, no le interesa conocer el certificado de defunción de Franco, ni de Mola, ni de otros que los sabe muertos y enterrados; quiere y exige que se ataje la crisis económica con eficiencia y rapidez, se cree empleo para todos, aumente el saldo de la Seguridad Social, se solvente el problema de los mileuristas y que el juez y los tribunales se ocupen de los violadores, terroristas y mangantes. Está claro que se mueve por motivaciones políticas a instancias del poder, para distraer. No hay hoy necesidad de declaraciones de competencia para investigar unos crímenes de sobra sabidos de aquel horrible descalabro. Ello echa por tierra la legislación vigente; fuentes jurídicas señalan que el auto de este histriónico juez anula, por un prurito, la ley de amnistía que cimienta la Constitución del 78 y hasta su propia estabilidad vigente; para ello, se acoge a sentencias de tribunales a los que España no pertenece y a Convenciones y leyes penales que no se pueden aplicar con retroactividad. La tipificación de ‘crimen contra la humanidad’ en derecho internacional se produjo con el Estatuto del Tribunal de Nuremberg de 1945, por lo que los sucesos de nuestra guerra no se pueden sancionar como tal delito y, en fin, no recuerda que el Estado Español se adhirió en 1968 al Convenio para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio y, precisamente, en aquella ocasión, nadie ni ninguna nación puso obstáculo alguno a esa adhesión.
Todo esto, no parece ser más que señal e indicio de que el sistema fenece; conforme a los movimientos pendulares de la historia, estamos en el final de una época; el sistema jurídico, económico y político fenece. La división y autonomía de poderes no se ha respetado, la economía se derrumba entre excesos, lucros y manejos y la democracia adulterada se extingue embebida por la desaforada sed de poder y dominio, únicamente, nos ha dejado el dar el voto pasivo y, una vez depositado, sólo nos atañe acatar lo mandado y tragar la partitocracia. Fácil es en un trance así, convertir lo democrático en dictatorial.
C. Mudarra
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