La Coctelera

Camilo Valverde Mudarra

Temas de interés social, politico y religioso, entre otros...

Categoría: REFLEXIONES BIBLICAS

2 Abril 2009

LA SEMANA SANTA

 

La Semana Santa, que se inicia con el Domingo de Ramos, celebra dos aspectos fundamentales del misterio pascual: La vida o el triunfo, con la procesión de las palmas y ramos en honor de Cristo Rey; y la muerte o el fracaso, con la lectura de la Pasión correspondiente a los evangelios sinópticos -la de Juan se lee el viernes-. Cristianamente, es santa, sagrada por su objeto y su sujeto; denominada antiguamente «semana mayor» es la semana que conmemora la Pasión de Cristo; es el tiempo de más intensidad litúrgica de todo el año y por eso ha calado tan hondamente en el catolicismo popular.

Desde el siglo V se celebraba en Jerusalén, con una procesión, la entrada de Jesús en la ciudad santa, poco antes de ser crucificado. Por ello, se denomina «Domingo de Ramos», aspecto victorioso o «Domingo de Pasión», aspecto doloroso. Lo que importa no es el ramo bendito, sino la celebración del triunfo de Jesús. El rito comienza con la bendición de los ramos, después, se proclama el evangelio. Por ser creyentes iniciados en la vida cristiana, pertenecemos al Señor y nos asociamos a su seguimiento. La Semana Santa empieza y acaba con la entrada triunfal de los redimidos en la Jerusalén Celestial, recinto iluminado por la antorcha del Cordero. El domingo de Ramos es inauguración de la Pascua o paso de las tinieblas a la luz, de la humillación a la gloria, del pecado a la gracia y de la muerte a la vida.

La Pasión de Cristo comienza bíblicamente con el prendimiento de Jesús; litúrgicamente, con la entrada en Jerusalén. Jesús no rehuye la muerte, pero tampoco la busca directamente. La misión de Jesús se comprende en referencia al Dios de la gracia y de la exigencia. Jesús viene a proclamar la inminencia del Reino y la buena noticia del Evangelio. El advenimiento del reino de Dios es el tema central del mensaje y de la praxis de Jesús

Los cuatro relatos de la Pasión siguen una sucesión parecida de acontecimientos, con cinco secuencias: arresto, proceso judío, proceso romano, ejecución y sepultura. Su estilo difiere del de cualquier otra obra literaria que narre el final y muerte de un héroe. Son, además final y comienzo de la vida y destino de Jesús, al que los discípulos llaman «Cristo» y «Señor» después de la resurrección. Según como se interprete y se viva la muerte y resurrección de Jesús, así se configurará el modo de ser cristiano. Jesús fue condenado a muerte y crucificado por blasfemo religioso y alterador del orden público. La muerte de Jesús se descubre fundamentalmente por la lógica de su vida; la interpretación esencial de la muerte de Jesús es teológica; la resurrección debe entenderse como toma de posición de Dios en favor de Jesús y, por tanto, como iluminación de la cruz.

El pueblo se ha identificado y se identifica a su modo con el Crucificado, más que con el Resucitado, quizá, porque su historia es una senda de sufrimientos. La teología pascual de la resurrección no le hace tanta mella; intuye en lo profundo una teología de la cruz. Pacientemente ha aceptado la interpretación teológica de la resignación o de la oblación de Cristo como víctima inocente que paga el rescate por todos los pecados. El pueblo venera a Cristo como «varón de dolores» sufriente y moribundo, con el que se identifica a través del llanto, como pueblo de oprimidos y desheredados, por esto, es el Viernes Santo y no la Pascua, la fiesta cristiana popular sobresaliente. La muerte de Cristo es símbolo de todo sufrimiento; muy en segundo plano queda la cruz como imagen del «Rey de la gloria» o del Cristo Resucitado. En ese Dios desamparado y cercano, no en el Todopoderoso Distante, encuentra alivio el pueblo al buscar la cura de sus sufrimientos mediante un sufrimiento divino. Naturalmente una cosa es el uso y abuso de la cruz como apaciguamiento de esclavos, y otra la aceptación popular del dolor y la muerte de Cristo, expoliado y crucificado por hacerse hermano y amigo de publicanos deshonestos, mujeres de mala vida, leprosos y extranjeros que no respetaban las leyes judías.

En la Semana Santa se descubren varios estratos; entre ellos, el estrato psicológico y el funcional constituyen las representaciones de los hechos históricos, la bendición y «procesión de los ramos», el lavatorio de pies, la consagración de los óleos y el monumento del Jueves y la adoración de la cruz del Viernes Santo, que son quizá las únicas dramatizaciones litúrgicas oficiales con sello popular. Por último, es muy visible el estrato de la religiosidad popular, constituido por la superposición de actos piadosos populares, como visitas a los «monumentos», hora santa, sermón de las siete palabras, viacrucis, procesiones, representaciones teatrales y actos de hermandades. Cuando la liturgia se clericalizó y pasó a celebrarse en latín, lengua muerta, el pueblo abandonó el culto oficial y construyó su propia liturgia. De este modo, la celebración pascual popular salió de los templos a las plazas, calles y campos enarbolando símbolos más accesibles, como han sido y siguen siendo los «pasos» de las procesiones.

El rechazo de Jesús como Mesías es evidente: es escándalo para las clases dirigentes religiosas, necedad y locura para el poder ocupante, decepción para el pueblo y desconcierto para los discípulos. Ahí radican los sufrimientos profundos de Jesús en la cruz, unidos a sus dolores físicos.

En la actual sociedad secular, crítica con las tradiciones religiosas mágicas o demasiado identificadas con ciertas éticas de poder, la Semana Santa ha perdido ese aura de misterio tremendo e inefable de que le había rodeado la cristiandad. En cambio, crece en comunidades y grupos de creyentes la fuerza del Evangelio de Jesús, revelador de la justicia del Reino y del perdón de Dios. La lectura e interpretación de los relatos de la Pasión en relación a las celebraciones en las que se proclaman nos revela que la vida es camino de cruz -vía crucis-, a partir de una entrega al servicio de los hermanos que coincide con el servicio a Dios. Al menos esto es lo que puede deducirse de la lectura y celebración de la Pasión de Cristo en la Semana Santa.

 Camilo Valverde

servido por camilovalverde sin comentarios compártelo

17 Diciembre 2008

ABRIRSE A LA SABIDURÍA

«Radiante e inmarcesible es la sabiduría; fácilmente la ven los que la aman y la encuentran los que la buscan. Se anticipa a darse a conocer a los que la desean. Quien temprano la busca no se fatigará, pues a su puerta la hallará sentada. Pensar en ella es prudencia consumada y quien vela por ella, pronto se verá sin afanes. Ella misma busca por todas partes a los que son dignos de ella; en los caminos se les muestra benévola y les sale al encuentro en todos sus pensamientos» (Sab 6,12-17).

Este texto del Libro de la Sabiduría es una pieza preciosa y magnífica. Hace una exhortación a buscar la sabiduría, puesta en boca de Salomón. Se presenta la sabiduría de Dios personificada por una joven hermosa que solicita a su amante para un encuentro feliz. "Fácilmente la ven los que la aman y la encuentran los que la buscan". No se comporta como una mujer esquiva y desdeñosa, sino que, al contrario, se hace la encontradiza, para los que la aman, para los que la desean y la buscan. El auténtico conocimiento de Dios no procede de un intrincado ejercicio intelectual, es un don que se ofrece con generosidad a todo el que, con limpia disposición, lo recibe en su alma abierta: "Se anticipa a darse a conocer a los que la desean.

La Sabiduría se adelanta a todos las determinaciones y hallazgos del hombre. Por ella, quien consigue algo o descubre y domina un hecho del universo está obligado a comprobarlo y examinar su realidad y su exclusividad. El hombre sabio debe aceptar a sus predecesores y precedentes, fundamento de todo lo que es y posee. La inteligencia consiste en superar el egoísmo y abrirse a la gratuidad de Dios.

La Sabiduría de Dios madruga más que quienes la desean; cuando despiertan y la buscan, he aquí que la encuentran esperando a su puerta. Dios se presenta al hombre que lo busca y se anticipa a sus deseos; la primera iniciativa para el encuentro la lleva la Sabiduría de Dios, el propio Dios va a los que se hacen dignos de conocerlo. Más aún, el hombre no buscaría a Dios, si Dios no lo hubiera alcanzado antes. En todas las preguntas y deseos, en todas las búsquedas y pensamientos, está ya la Sabiduría de Dios haciendo que pregunten por ella, que la deseen y la busquen. Así que, no es difícil conocer a Dios, si se está dispuesto y no se tiene el interés de ignorarlo. La divinidad, a pesar de que el hombre se empeñe en negarlo, sigue atrayéndolo, ya que es fuente y origen de todos los bienes: "con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables..." (7,11). El mundo también hace ofertas tentadoras que alegran el corazón humano: poder, dinero, dignidades, cargos... Es algo seductor y apetecible, que atrae, pero en el fondo muerde como culebra. No merece la pena afanarse en eso, pues, en lo más profundo del ser, sólo produce acritud, desilusión y vacío: "Dichoso el hombre que me escucha, velando en mi portal cada día..." (Pr 8,34). Sólo el que se abre a la sabiduría, a la divinidad..., obtiene la alegría, la paz, la tranquilidad..., y además todos los otros bienes.

Lamentablemente, hay incluso muchos cristianos que ni siquiera son capaces de imaginar que alguien esté sentado junto a su puerta, llamando y esperando para amarlos. "He aquí que estoy junto a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y abre la puerta, yo entraré en él y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3,20). ¡Cuán necesario se ve hoy que los gobernantes de la tierra respondan y le abran sus puertas de palacios y lujos! El bien común no requiere boato, sino el abrazo de la sabiduría. Otro cantar sería, si se dejaran hechizar y embelesar por tal esposa. La sabiduría exhorta a los gobernantes de la tierra a que la escuchen y, pues, son los responsables más directos del gobierno del mundo, quiere inculcarles una manera completamente nueva y revolucionaria de regir las naciones: “Si os gustan los tronos y los cetros, soberanos de las naciones, respetad la sabiduría y reinaréis eternamente» (6,21).

La sociedad está fundada en el poder y en el dinero. Pero, “no podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mt 6,24). Todas estas máximas suelen quedar ignoradas e inoperantes, pues los poderosos no son siempre seguidores de la sabiduría. Sin embargo, Jesús de Nazaret, al asumirlas y presentarse como auténtica sabiduría, dio un vuelco a la historia. Si no se cambia por completo la escala de valores, no se puede captar el sentido profundo de los dictados de la sabiduría. Sólo se acepta lo que agrada y lo que justifica las posiciones, a que uno se agarra con obstinación. El hombre justo entronca unos valores que los poderosos consideran ridículos y utópicos. Estos muchos sabios son la salvaguarda del mundo. Son «sabios» los discípulos de la Sabiduría.

C. MUDARRA

servido por camilovalverde sin comentarios compártelo

3 Mayo 2007

DICHOSOS LOS QUE CREEN SIN HABER VISTO

Domingo II T. Pascual. Ciclo C
Hch 5, 12-16; Sal 117, 2 - 4.22 - 27; Ap 1,9-11; Jn 20, 19-31

“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor» (Juan 20, 19-31).

El salmo responsorial insiste en el amor de Dios: Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

San Juan en el Apocalipsis explica su encuentro con el Resucitado: “No temas: Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo”.

El evangelista cuenta hoy, cómo los Apóstoles, tristes y llenos de temor, tuvieron la aparición de Jesús. Los discípulos, tras los terribles y cruentos sucesos, estaban recluidos, asustados y destrozados. En sentido humano, todo se les había derrumbado. Tomás, ausente en ese momento, al saberlo, no lo creía, dudaba de lo que decían. Aún no tenían la firmeza y madurez de la fe. Varias veces habían oído al Maestro decir que sería azotado, muerto y que resucitaría al tercer día (Lc 18,33), pero no lo entendieron y, por eso, eran las dudas, los temores y la huida del Calvario

Dichosos los que creen sin haber visto. Creyendo en Jesús, se tendrá vida en su nombre. La fe es un don, un puro regalo de Dios. El hombre, por sí solo, no puede tener fe. El único camino es aceptar ese regalo. Podríamos decir que "creer es querer creer". La fe no puede quedarse en el aspecto intelectual, en aceptar con la cabeza que Jesucristo es Dios. Eso es sólo el punto de partida. Tiene que desarrollarse en el área de la voluntad y del corazón. Desde esta perspectiva, tres son los elementos de la fe: obediencia, confianza y fidelidad. La obediencia supone la escucha para comprender, asumir y practicar lo que Jesucristo ha dicho. Esto es lo que se llama “obediencia de la fe”. Esta obediencia culmina en el abandono en brazos de Dios, en una entrega total a Él, en fiarse de Él de manera absoluta, en dejar en sus manos toda nuestra existencia humana y religiosa. Así lo dice el salmista: "Confía toda tu vida al Señor y fíate de Él, que Él sabrá lo que hace" (Sal 37,5). Lo mismo que aconseja San Pablo: "Sé de quién me fío" y San Juan: "Nosotros nos hemos fiado del amor que es Dios" (1 Jn 4,16). El cristiano tiene que relacionarse con Dios desde la confianza filial consciente de que habla con su Padre. Dios es la fidelidad misma, cumple siempre, no falla jamás. El cristiano tiene que corresponder a esa fidelidad "siendo fiel hasta la muerte" (Ap 2, 10).

La fe tiene que ser operante, acompañada de buenas obras. Una fe, sin obras, está muerta. El creyente se ha comprometido a guardar los mandamientos, la palabra de Cristo (Jn 14,15.21). La fe, si está viva, produce necesariamente obras de amor operativo. En la vida espiritual, la fe es el "espíritu" y las obras la "letra"; y, si no hay letra, no puede haber espíritu de la letra. "Cree de verdad aquel que practica con la vida la verdad que cree", dice S. Gregorio Magno. La fe actúa por la caridad (1Tes 1,3).

Pero he aquí, que Cristo les trae el soplo del Espíritu Santo, los inunda de paz y, ungiéndolos sacerdotes, los envía a predicar y perdonar los pecados. Vigorizados y ungidos, los apóstoles salen y “hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo y crecía el número de los creyentes, que se adherían al Señor” (He 5,12-16).

servido por camilovalverde sin comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de camilovalverde

Camilo Valverde Mudarra

ver perfil »
contacto »
Nacido en Alcalá la Real en 1940 vive entre Granada y Vélez Málaga. Está casado y tiene cuatro hijas. Hizo Humanidades y Filosofía en el Seminario Conciliar de Jaén. Terminó Bachillerato en el Colegio del "Ave María" de Granada, donde también estudió Filosofía y Letras y obtuvo la Licenciatura en Filología Románica. Tras ganar las Oposiciones de Agregaduría y, posteriormente, la Cátedra de Lengua y Literatura Españolas, trabajó en Córdoba y después en Málaga. Años más tarde se diplomó en Ciencias Bíblicas y fue nombrado Profesor de la Escuela Bíblica de la Axarquía, donde imparte clases. La docencia, impartida con vocación y entrega, la lectura amplia y profusa y la pasión por escribir han sido desde siempre su preferencia y dedicación. Ha publicado un manual para Bachillerato, un ensayo sobre la mujer y un libro de de poemas. En publicación, “Consideraciones Lingüísticas”, “Reflexiones Bíblicas”, “La religión del amor más grande” y “Cien Sonetos de amor y quebranto” Tiene escritos doce libros de poemas y algunos ensayos más. Ha escrito y escribe en varios periódicos y revistas y algunas páginas de Internet, como: “blog.votoenblanco.com”, “mediaIsla.gruposyahoo.com”, www. autorescatolicos.org; actualmente escribe en el "Correo de Málaga", en la "Prensa de la Axarquía", en la revista poética "Utopía" y colabora en el "Sur" de Málaga.

Fotos

camilovalverde todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera